VEGETARIANISMO 2: PROSELITISMO

Si los vegetarianos quieren cambiar el mundo, porque anhelan una sociedad que vive en armonía, no deben crear animosidad hacia su causa. Lamentablemente, a ciertas personas les desagrada el vegetarianismo debido a cómo se comportan ciertos vegetarianos defienden su causa.

Después de ser vegano durante siete años, me convertí en flexitariano. Renunciar a mi dieta vegana no fue fácil. Cuando tuve serios problemas con mi digestión, un médico me lo recomendó. Aunque era vegetariano, no le hice caso. Solo renuncié a mi dieta vegana después de que mi madre me dijera que últimamente tenía muy mal humor y así darme cuenta de que era una mala publicidad para la causa vegana.

Mi plan original era recuperar mi dieta vegana tan pronto como mejorara mi digestión. Incluir de nuevo animales en mi dieta me hizo sentir incómodo. Soñé con haber empezado de nuevo a fumar porque asocié seguir de nuevo mi dieta anterior con retomar un antiguo vicio.

Gracias a mi dieta flexible de los últimos catorce años el contacto con los no-vegetarianos es más fácil. A menudo, amigos o conocidos me han preguntado por qué me hice vegetariano. Cuando les hablé de mis objeciones morales, sintieron que juzgaba su dieta, por lo que ellos juzgaban la mía. Aunque he aprendido a refutar argumentos ridículos como: «Si dejas de comer animales porque tienen vida, también debes dejar de comer plantas porque también lo tienen», casi nunca no comprendieron mi razonamiento.

Hablar sobre el vegetarianismo con gente que es incapaz de cuestionar su dieta omnívora no tiene sentido. Por esta razón, cuando ahora me preguntan por qué soy vegetariano les sugiero que leen Comer Animales de Jonathan Safran Foer. El hecho de que mis amigos no sientan la misma empatía no me molesta, porque sé que entre las nuevas generaciones muchos se hacen vegetarianos y ellos son el futuro.

Aunque he conocido a muchos vegetarianos, no he conocido a nadie más que dejó de comer otras criaturas debido a la Biblia. Cuando tenía casi cuarenta años tuve una crisis y sentí que debía hacerme vegetariano. Como lo cuestionaba todo, investigué de dónde mi subconsciencia había sacado esa idea. Descubrí entonces que tenía que ver con mi infancia y la maestra de parvulario que nos contó sobre Adán y Eva en tiempos del paraíso.

La maestra nos dijo que en aquella época éramos amigos de los animales y que, después de que Dios nos expulsó del paraíso, comenzamos a sufrir mucha miseria. Al reflexionar sobre eso, llegué a la conclusión de que para ser readmitidos en el paraíso debíamos dejar de comer animales. Me sentí muy orgullo por haber encontrado la solución, pero cinco minutos más tarde pensé que debía haberme equivocado ya que supuse que los adultos saben todo mejor y ellos me dieron comer animales.

Cuando más de treinta años después me acordé esa experiencia, me sorprendió que la Biblia tiene un mensaje vegetariano. Cuando leí ese libro descubrí que Dios le prescribió a Adán una dieta vegetariana: » Ved que os he dado toda hierba de semilla, así como todo árbol que lleva fruta de semilla.» Los judíos y los cristianos, que consideran que este libro es sagrado, comen a otras criaturas porque después del diluvio universal, Dios le dijo a Noé: “Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento, lo mismo que os di la hierba verde; todo os lo doy.»

Un lector atento se da cuenta de que esta segunda ley alimenticia permite a la gente comer cualquier criatura, incluidas otras personas, y que las palabras: «lo mismo que os di la hierba verde» se refieren a la primera ley alimenticia. Cuando vuelve a leer ese primer pasaje, descubre que las hierbas verdes no fueron dadas a Adán y Eva, sino a las bestias: “Y a toda bestia de la tierra, a toda ave de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra, y que tiene vida, les he dado toda planta verde para alimento.” Por lo tanto, con esta segunda ley alimenticia, Dios señala que considera que aquellos que comen otras criaturas no son humanos, sino bestias.

Inmediatamente después, Dios dijo: “Sólo dejaréis de comer la carne con su alma, es decir, con su sangre, y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre: la reclamaré a todo animal y al hombre: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana.” Esto implica que la gente puede recuperar su alma humana comiendo otras criaturas. Mientras que los vegetarianos ya lo han hecho, los omnívoros todavía tienen que lograrlo.

La Biblia nos anima a asociar el alma humana con seguir una dieta vegetariana. Aunque no parece tener sentido que los omnívoros puedan recuperar su alma humana comiendo animales, debemos darnos cuenta de que los animales que comen son mayormente herbívoros. Por lo tanto, vemos que la Biblia puede ayudar a difundir el vegetarianismo: este libro anima a los no vegetarianos que cuestionen su dieta vegetariana, mientras que al mismo tiempo anima a los vegetarianos que tengan paciencia con los no-vegetarianos.