¿ESTOY LOCO YO O LO ESTÁN TODOS LOS DEMÁS?

Si usted no puede refutar la siguiente hipótesis, le ruego que comparta este artículo con sus amigos. Quizás ellos lo consiguen. Muchas gracias.

Desde que hice un descubrimiento sobre la naturaleza de nuestra sociedad me he preguntado un millón de veces si yo estoy loco o lo están los demás. Me tranquiliza saber que muchos otros hicieron la misma pregunta y que uno de ellos fue Albert Einstein.

Aparte de un gran científico, Einstein era también un gran filósofo. Cuando leí sus citas me enteré que yo había desarrollado ideas similares a las suyas sobre el porvenir de nuestra sociedad. Me sorprendió que hubiera formulado esta pregunta. Ya que era un reconocido académico, supuse que él sabía que no estaba loco. Pensé que sólo alguien que no logra divulgar su descubrimiento se hace esa pregunta, ya que entonces duda si su idea es válida o no.

El mundo académico no suele prestar mucha atención a un autodidacta. Sin alguien que le evalúe su trabajo, este se queda con la duda. Cuando no logra divulgar su descubrimiento, el se siente como si no hubiera descubierto nada, ya que entonces la sociedad no se beneficia de su trabajo.

La idea, cuya validez me gustaría que el mundo académico evaluara es: ¿Una sociedad que no vive en armonía – como la nuestra – está destinada a autodestruirse? Si no es cierto, yo me estoy preocupando para nada. Si lo es, todos deberíamos preocuparnos, porque entonces nuestra autodestrucción puede estar cerca. ¿Estoy yo loco por preocuparme para nada? ¿Están locos los demás por ignorar un gran peligro?

Creo que cualquier persona que reflexiona sobre la evolución de la humanidad puede llegar a esta conclusión. Uno puede entonces darse cuenta de que todo se hace continuamente más sofisticado – incluido las armas – y que, una vez que una sociedad dispone de armas de destrucción masiva, es sólo una cuestión de tiempo que estas sean utilizadas. Y también puede darse cuenta de que continuamente un porcentaje menor de la población se apropia de un porcentaje mayor de los recursos, lo que aumenta la tensión entre los diferentes grupos de personas, y entre estos y el entorno. Ya que tanto el uno como el otro son consecuencias de nuestra lucha por los recursos, uno puede entonces concluir que una sociedad que no vive en armonía – como la nuestra – está destinada a autodestruirse.

Desde que tuve esa idea, hace más de veinte años, no puedo ignorar que la supervivencia de nuestra sociedad está en peligro. Considero que los que lo hacen no procesan la información disponible de una manera correcta o son irresponsables por seguir con su vida como si esta no estuviera en peligro.

Algunos consideran mi visión sobre nuestro futuro pesimista. No es cierto, porque no expongo que nosotros estemos destinados a autodestruirnos, sino que para evitar nuestra autodestrucción debemos establecer la armonía. Por lo tanto, mi visión es optimista porque la armonía es un ideal que todos deberíamos anhelar.

Para llegar a la conclusión de que una sociedad que no vive en armonía está destinada a autodestruirse debemos aceptar que la armonía es posible, porque si no lo hacemos esto conlleva suponer que nosotros estamos destinados a autodestruirnos. Ya que esta idea es muy estresante, la gente prefiere ignorarla.

Una muy buena razón para suponer que la armonía sí es posible es que todo en el universo parece seguir el principio causa y efecto. Esta idea conlleva que cuando sabemos qué circunstancias llevan a la gente portarse mal, podemos cambiarlas.

Hay gente fatalista que se pregunta si quizás autodestruirnos es nuestro destino y gente ilusa que cree que nadie será tan irresponsable para empezar una guerra nuclear. Sin embargo, la historia nos enseña que a veces llega al poder gente que, cuando pierden un conflicto, quieren que pierdan todos.

Mi gran esperanza para concienciar a la gente sobre el futuro de nuestra sociedad es que hoy los científicos aseguran que la supervivencia de nuestra sociedad está en peligro. El hecho de que algunos ya especulan sobre la fecha en la que la Tierra dejará de ser habitable obliga a la gente a reaccionar.

Hace varias décadas los científicos avisaron sobre las consecuencias de una guerra nuclear. Hoy en día, nos advierten sobre el cambio climático. Mientras que entonces recomendaban no usar armas nucleares, hoy recomiendan no dañar a nuestro entorno. Sin embargo, el problema es que tenemos conflictos con los demás y con el entorno porque luchamos por los recursos. Mientras sigamos luchando por los recursos seguiremos dañando a nuestro entorno y teniendo guerras. Por lo tanto, el verdadero problema no son las armas nucleares o el cambio climático, sino nuestra lucha por los recursos.

Si usted logra refutar que una sociedad que no vive en armonía está destinada a autodestruirse, le ruego que me indique cuál de mis premisas es incorrecta. Si no lo logra, le ruego que comparta este enlace con sus amigos y conocidos.