BIBLIA 1: LA BIBLIA Y LOS FILÓSOFOS

La sabiduría no tiene que ver con tener mucha información, sino con procesarla bien. Un ejemplo: cuando hoy reflexionamos sobre la evolución de la humanidad, con la información que tenemos a nuestra disposición podemos concluir que una sociedad que no vive en armonía – como la nuestra – está destinada a autodestruirse. Una razón para llegar a esta conclusión es que todo se hace continuamente más sofisticado, incluido las armas, y que una vez que una sociedad dispone de armas de destrucción masiva es sólo una cuestión de tiempo que estas sean utilizadas. Otra es que continuamente hay un porcentaje menor de la población mundial se apropia de un porcentaje mayor de todos los recursos, lo que aumenta la tensión entre los diferentes grupos de personas, y entre estos y el entorno. Aunque tanto el uno como el otro son consecuencias de nuestra lucha por los recursos, la mayoría de la gente no se da cuenta de que esto significa que una sociedad que no vive en armonía está destinada a autodestruirse.

La sabiduría no tiene que ver con tener mucha información, sino con procesarla bien. Un ejemplo: cuando hoy alguien reflexiona sobre la evolución de la humanidad, puede constatar que, por un lado, todo se hace continuamente más sofisticado, incluido las armas, y que una vez que una sociedad dispone de armas de destrucción masiva es sólo una cuestión de tiempo que estas sean utilizadas; y por otro, que un porcentaje siempre menor de la población mundial se apropia de un porcentaje cada vez mayor de todos los recursos, lo que aumenta la tensión entre los diferentes grupos de personas, y entre estos y el entorno. Ya que tanto el uno como el otro son consecuencias de nuestra lucha por los recursos, puede entonces concluir que una sociedad que no vive en armonía – como la nuestra – está destinada a autodestruirse.

Esta nueva conclusión es la lección más importante que la humanidad tiene que aprender porque nuestra supervivencia depende de cómo reaccionamos ante esta amenaza. La Biblia reconoce esta realidad: diez generaciones después de poner fin a la armonía (el paraíso), por comer una fruta prohibida, ocurre una terrible catástrofe (el diluvio universal) que deja muy pocos supervivientes.

Mientras que las autoridades seculares – incluido los filósofos – ignoran esta realidad, las autoridades religiosas ignoran que ésta sea el mensaje principal de la Biblia.

Aunque la información para llegar a esta conclusión está a la disposición de todo el mundo, un autodidacta filósofo y estudioso de la Biblia parece ser la primera persona que se ha dado cuenta de ella. Quizás no debe sorprendernos porque la sabiduría se consigue al formular las preguntas adecuadas. Mientras que el que estudia filosofía aprende de las preguntas que hicieron los filósofos del pasado, un autodidacta formula sus propias preguntas después de reflexionar sobre toda la información que tiene a su disposición. Mientras que el que estudia la Biblia aprende cómo las autoridades la interpretan, un autodidacta intenta entender esta obra por su cuenta. Por no interesarse enseguida por lo que otros han escrito sobre un determinado tema, el autodidacta tiene la ventaja de acercarse a él sin dejarse limitar por el enfoque de otros.

Una razón por la que a la gente le cuesta llegar a esta nueva conclusión sobre nuestra sociedad, es la suposición según la cual vivir en armonía es imposible. Concluir que una sociedad que no vive en armonía está destinada a autodestruirse conlleva entonces suponer que nosotros no tenemos escapatoria. Como pensar en un problema que no tiene solución es demasiado estresante, la gente suele ignorarlo.

La idea de que la armonía es imposible en la tierra se basa en la observación que algunos se portan bien y otros se portan mal, y la suposición que siempre será así. Sin embargo, como todo en el universo parece regirse por el principio causa y efecto, podemos suponer que si descubrimos qué circunstancias hacen que algunos se porten mal, podemos cambiarlas para que dejen de portarse así.

Cuando uno estudia la Biblia a fondo, descubre que el Dios único de este libro se basa en la suposición de que todo en el universo se rige por el principio causa y efecto, una idea que muchos científicos comparten. La fe en Dios es entonces la fe en el principio causa y efecto, y, por lo tanto, en poder evitar nuestra autodestrucción.

Aunque no sabemos si lo que dice el Génesis es cierto, y efectivamente nuestros antepasados vivieron en cierto momento en armonía, una buena razón para estudiar este libro es que para evitar nuestra autodestrucción debemos preguntar por qué tenemos conflictos con los demás y con el entorno, y esto es lo mismo que preguntarse a qué se refiere la fruta prohibida.

Muchos malinterpretan el Génesis. Este libro no dice que la fruta prohibida fue una manzana y no se refiere a Adán y Eva como las primeras personas en la tierra, sino sólo como la generación que puso fin a la armonía.

El Génesis es un libro de sabiduría porque nos invita a formular preguntas cuyas respuestas llevan a nuevas preguntas, creando así una dinámica que nos permite mejorar nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo en el que vivimos. Lo que importa no es si lo que dice es cierto, sino que sus relatos nos animan a cuestionar ideas que no han sido cuestionadas anteriormente. Por ejemplo, al señalar que Adán y Eva fueron vegetarianos en los tiempos del paraíso, y que después fueron expulsados por comer una fruta prohibida, el Génesis nos anima a cuestionar nuestra dieta.

#BrunoLernout – secretsinthebible.com